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Goya y Lucientes, Francisco José de - pág.3
Indice de Biografías
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En 1819 experimentó una recaída en la misteriosa enfermedad que en 1792 lo había dejado completamente sordo. Ello, unido a su nueva vida en soledad en la Quinta del Sordo, casa solariega que había comprado poco antes, debió de contribuir a la exacerbación imaginativa de que el artista dio muestras en la decoración de su nueva vivienda: catorce murales de gran tamaño con predominio de los tonos marrones, grises y negros, sobre temas macabros y terroríficos. Estas obras, conocidas en la actualidad como Pinturas negras, han contribuido con el paso de los años a la consolidación del reconocimiento del genio de Goya, tanto por su originalidad temática como por su técnica pictórica de pincelada amplia y suelta. El pintor se trasladó en 1824 a Burdeos, donde residió hasta su muerte sin dejar de cultivar la pintura y el grabado. La lechera de Burdeos y algunos retratos ilustran la evolución del genio hacia una concepción de los valores plásticos que anuncia el impresionismo. Su obra, fecunda y versátil, de gran libertad técnica y brillantez de ejecución, no ha dejado de acrecentar la importancia de su figura hasta nuestros días.
Pinturas:
La gloria del nombre de Dios (1771-1772; basílica del Pilar, Zaragoza)
La dama del parasol (cartón para tapiz; 1777, Museo del Prado, Madrid)
La maja y los embozados (cartón para tapiz, 1777, Museo del Prado, Madrid; 1786, colección particular, Florencia; cartón para tapiz, 1788, Museo del Prado, Madrid)
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