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Federico II el Grande - pág.2
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Sin embargo, las circunstancias del enfrentamiento, que se prolongó en la guerra de Sucesión de Austria, le obligaron a entrar de nuevo en liza en 1744; en esta segunda campaña salvó en varias ocasiones a su ejército del desastre gracias a su brillantez como militar. Por la paz de Dresde (1745), Austria reconoció de nuevo la posesión de Silesia a Prusia, pero quedaron latentes todos los conflictos que enfrentaban a las potencias europeas, hecho que acabaría por determinar en 1756 la coalición de Austria, Rusia, Francia y Suecia contra Prusia, a su vez apoyada por Gran Bretaña; ello significó el comienzo de la guerra de los Siete Años, de la que Prusia salió arruinada, pero convertida en una gran potencia militar: conservó Silesia y recuperó Pomerania, Sajonia y otros territorios ocupados por sus oponentes.
La muerte de la zarina Isabel en Rusia y el acceso al trono de Pedro III primero y de Catalina II poco después abrieron a Federico el camino para una alianza que le permitió emprender la reconstrucción del país y convertirse en uno de los soberanos más influyentes del continente. En política interior impulsó una serie de reformas iluministas, apoyándose en la nobleza, a la que respetó sus privilegios: establecimiento de una administración centralizada; reorganización de la hacienda pública, con aumento de la presión fiscal; supresión de las aduanas interiores; creación de una banca estatal; reforma de la administración de justicia, con abolición de la tortura; e introducción de nuevos cultivos, como la patata y el nabo, y aplicación de modernas técnicas productivas.
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